Sólo ante el peligro

 

En la entrada anterior os hablaba de lo difícil que es llegar a veces hasta el punto de destino. Podría parecer que eso es lo más difícil, ya que se trata de ubicarse en parajes donde no hay señales, indicadores ni ayuda del satélite en muchas ocasiones, y sin embargo aún hay algo más difícil que llegar: volver.

 




Cuando uno se mete con un camión como el que manejo por estrechos caminos en los que casi no caben las ruedas, con un talud al lado y un barranco al otro y delante del parabrisas solo ves las ramas de los árboles no sabe muy bien si va a poder salir de allí y entran las dudas y también el miedo.

 

 

 


 Miedo porque vamos solos llevando la motobomba a compañeros que están o llegarán más tarde al lugar de la intervención, pero dudando si más adelante el camino será lo suficientemente ancho para seguir circulando, si podremos girar y dar la vuelta si nos hemos equivocado, si más adelante el camino no estará obstruído y tendremos que salir marcha atrás sin ninguna visibilidad. Miedo de estar solos ante el peligro. Como Gary Cooper. Porque, aunque no lo parezca esta es una profesión de riesgo, y no queremos acabar así:

 







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